Los Indignados no necesitan a los medios
La última conferencia de Clay Shirky estuvo centrada en cómo los cambios generados por el crecimiento y el desarrollo de la web están erosionando los ejes de poder que han simbolizado la democracia moderna. A la vez que obligan a muchos medios a tomar posiciones incómodas, al transparentar el rol que han tenido como referentes de la elite o intentando hacer la lectura correcta. “Este es un momento peligroso para libertad de expresión, porque no sabemos cómo interactúan los estados nación e individuos”, dice el autor de Here Come Everybody.
Ciudadanos empoderados que no sólo entienden que hoy cuentan con más poder, sino que no necesitan del Estado ni de los medios para las funciones básicas de la democracia: organizarse, deliberar, elegir y expresarse. Y, aunque en algunos casos sea sólo aparente, sienten que este nuevo mundo además los refleja mucho mejor. Shirky no es el único que lo piensa y dice.
Pero esta transformación (rápida y en cierto sentido inmanejable) ha tenido a la clase política confundida y con la sensación de que los ciudadanos que hoy se levantan son un fenómeno pasajero o de escaso riesgo. Percepción que probablemente irán cambiando mientras más profundo se haga el fenómeno.
Muchos autores creen que éste es un golpe a todas las instituciones “liberales” (incluyendo prensa y universidades) que han evitado la autocrítica e incluso se han refugiado en decisiones autoritarias o negligentes. “Me preocupa que los países que han encabezado la protección celosa de la libertad, hoy no lo están haciendo”, dice Shirky.
En EE.UU., los medios demoraron semanas en comenzar a darle valor a los Occupy Wall Street mientras el movimiento se movía vigoroso a través de las redes sociales y comenzaba a hacerse popular en la web. El WSJ no les dedicó una línea por semanas. Lo mismo ocurrió en España con el movimiento 15M. Lo curioso en este caso, es que fueron las web de sitios tradicionales (algunos) los primeros en entender el fenómeno y, en el caso de El País, empatizar con sus demandas.
A lo largo de la jornada de movilización global del sábado las redes sociales ardieron. En EE.UU. el volumen general en Twitter se duplicó y el número de mensajes desde fuera de ese país aumentó en 47%, lo que refleja la globalización del fenómeno. Cientos de páginas de Facebook retrataban lo que estaba sucediendo en el mayor centro financiero del mundo y desde ahí sus muchos líderes organizaron la movilización.
Los indignados estadounidenses sabían que los medios no estarían de su lado y crearon un pequeño diario papel (The Occupied Wall Street Journal) que ya imprime 70 mil ejemplares. Esto, junto a sitios como Meetup y Foursquare, ha permitido que los manifestantes no sólo se organicen, sino que distribuyan un mensaje que en los medios tradicionales no aparece.
Los medios ahora están reporteando junto a los manifestantes, pero a estas alturas comienzan a ser irrelevantes. Sí, es cierto, aún son fundamentales para crear agenda y amplificar el conocimiento de los hechos (Internet aún no llega a toda la población), pero no lo son a la hora prender la chispa ni de popularizar el fenómeno.
Los medios (quienes hoy viven en el offline y en el online con idéntica incomodidad) han preferido la indiferencia o el rechazo frente a los indignados, porque durante años han estado cerca de la comodidad de la elite y el poder…o también viviendo de la inercia del desconocimiento.
Es la fuerza natural de productos que viven del avisaje y que han llegado a ser una industria que cada fin de año debe mostrar balances postivos. Hace unos meses, Bob Woodward dijo públicamente que los medios deben dejar de mirar el poder y a la elite y acercarse a la gente. Pero no es más que una declaración de un gran periodista que observa cómo las cosas se derrumban cuando ya -parece- es tarde para reaccionar.
¿La información dónde está? Es una de las preguntas clave a la luz de lo que está ocurriendo. Se la hace James Gleick en las 500 páginas de “The Information: A History, a Theory, a Flood” precisamente por los cambios generados por Internet. ¿Está en el filtraje, la búsqueda y la jerarquización? ¿Está dominada por los medios o por Google como intermediador entre los individuos y abundancia informativa?
Probablemente esta historia ya ha sido contada antes y su final sea el mismo. Probablemente (también) es muy complejo para las instituciones entender grupos que no están interesados ni en las posiciones formales del poder, ni en que la gente vote o en crear liderazgos de largo plazo.
Es un hecho que estos movimientos no tienen expectativas sobre los medios. Por lo mismo, no sería poco razonable pensar que ambos van por corrientes distintas y que seguramente no se necesiten. En la era de la transparencia, quizás éste sea el mejor escenario. “La conciencia de los actores no estatales como fuerza política, es el gran cambio de hoy”, concluye Shirky.

