Medios y tragedia de Juan Fernández: entre la prisa y la solemnidad

Por la debida transparencia, aclaro que soy editor de investigación de TVN, el medio afectado directamente por la tragedia de Juan Fernández y en cuya cobertura he estado involucrado. Dicho esto, creo que es muy relevante analizar la puesta en escena de los grandes eventos noticiosos, que es en dónde la naturaleza de los medios (profesionalismo, criterio y manejo editorial) se ve en su máxima expresión. Lo ocurrido el viernes merece un mínimo de análisis.
Es especial ahora que Twitter está sumando un punto de tensión a las coberturas por dos vías: los golpes noticiosos se multiplican en la red y se hacen más atractivos (es más fácil anotarse un triunfo) y, al mismo tiempo, los medios se someten a una evaluación casi inmediata e implacable.
Ambas cosas fueron evidentes desde el momento mismo en que los rumores sobre la caída del avión comenzaron a circular. Con la falsa idea de quien sale primero asegura el triunfo, algunos medios apostaron por disminuir los filtros en pos de la instantaneidad. Era tal el nivel de ansiedad, que incluso se le criticó a TVN (la estación afectada) por no comenzar antes la transmisión especial. Twitter ha acortado los tiempos de reacción, no cabe duda. La prudencia debía dar paso a los datos, aunque estos no fueran los adecuados.
Steve Meyers del Poynter Institute de hecho asegura que junto con las palabras hoy de moda para los administradores de redes sociales (colaboración, curaduría, conversación) hay que sumar la corroboración.
Sin embargo, la industria vive un nivel de competencia tan grande, que los límites se han perdido con frecuencia. Sólo así se explica que LUN haya decidido no esperar a que se confirmara la muerte de 21 pasajeros; las “exclusivas” en una situación de tragedia o que Bío Bío haya informado de la aparición de un cuerpo cuando aún no se encontraba ninguno. La guerra por la información, apenas acepta treguas en ciertos momentos.
En eventos similares en otros países, los medios suelen no guardarse nada: publican en redes sociales fotos antiguas como nuevas, dan espacio a fuentes de cartón, entregan datos incorrectos y presumen de golpes que no son de ellos. Nuestros medios son bastante timoratos en ese sentido. En algunos casos para bien, en otros para mal.
El desafío es complejo. El New York Times creó @NYT_Live especialmente para coberturas en vivo de hechos mayores, como pueden ser desastres naturales (debutó con el huracán Irene), tragedias o elecciones. Su editor explica que en estos grandes momentos, a la gente suele no importarle que el medio lo sature con tweets, porque desean mucha y actualizada información. Pero sí quiere que el medio sea coherente, que no se esté desdiciendo a cada instante.
Pero las tragedias y la hiperconexión pueden producir el fenómeno contrario debilitando la cobertura: el miedo a salirse del rebaño. Muchos medios prefirieron no publicar información importante, porque la audiencia deliberante podía recibirla mal. El respeto, el dolor, la empatía son actitudes obvias, pero los medios no deben comportarse tal como lo hace la gente. Su misión es informar, comulgando con el dolor de la gente, pero sin perder de vista el objetivo final que es generar contextos y ayudar a entender la naturaleza de los fenómenos. Ser críticos o cuestionadores no debe ser algo que se pierda por un duelo.
Es obvio que el periodismo ha cambiado y que las audiencias lo han hecho mucho más. Los medios están más expuestos a las críticas y deben enfrentar más escenarios. Pero todo indica que a la larga, lo que se espera de ellos es que se respeten a sí mismos y que no dejen de ser lo que son por un evento dramático.
