25 Agosto 2011 Medios Sin comentarios Compartir

Cinco razones de por qué odiamos nuestros medios

1.- Política

Para los conservadores, los medios de comunicación glorifican el crimen, trivializan la inseguridad pública y socavan la autoridad moral. Para los liberales, exageran los riesgos de la delincuencia y avivan el pánico moral para reivindicar una política de control de la delincuencia injusto y autoritario”.

Este es un extracto del libro Diablos populares y los pánicos moralesde Stanley Cohen, de 1972. Que en el fondo muestra como los medios son instituciones que de alguna manera (para bien y para mal) están ligadas al poder y, por supuesto, objeto de desconfianza.

Durante el Siglo XX, los grandes diarios buscaron convertirse en actores influyentes. Eso requería acercarse al poder, convertirse en articuladores (filtros especializados) frente a la opinión pública. La independencia era importante y la fiscalización una forma de no incendiar el prestigio. Pero para cada elección, los diarios elegían (eligen) por quién hay que votar.

Por otro lado, la TV hoy concentra al público (el D) que ha determinado las últimas elecciones. La política obviamente la mira con un interés especial y, por lo mismo, exige, sufre y llora equilibrio. Una palabra tan ambigüa que es muy complejo aceptarla sin gritar.

2.- El negocio

Lo que hoy vemos en los medios es un ménage à trois incómodo entre los periódicos, los lectores y los anunciantes. Los medios, en general, intentan alimentar a sus dos amantes, pero al momento de elegir, suele suceder que los ganadores son los avisadores. De hecho, en países pequeños y concentrados como Chile,los avisadores han ido reemplazando a los poderes fácticos pos dictadura y han hecho ver su poder.

Por otro lado, EE.UU. la cuna del periodismo de calidad o el tótem de referencia en las salas de clase, comenzó a perder su independencia y valor cuando muchos de sus medios (o grupos editoriales) comenzaron a transar sus acciones en Wall Street. La acción (en baja) obviamente ha deteriorado la calidad de los diarios.

Lo positivo es que las redes sociales y la fundación de medios digitales (más bien de algunos) ha permeado el poder de los avisadores. Es un país más transparente, lo no publicado es más notorio y puede tener un costo para la marca de algunos medios tradicionales. La relación con la publicidad seguirá siendo muy fuerte, pero los avisadores irán comprendiendo que las nuevos tiempos también aplican para ellos.

3.- Académicos

Los académicos nos han querido enseñar que los medios de comunicación son paradigmas de la verdad, la justicia y la ubicuidad. Pero no, de hecho la imparcialidad nació como concepto vinculado a los medios a comienzos del Siglo XX y sólo por conveniencia.

Cuando en EE.UU. comenzaron a constituirse monopolios informativos en algunas ciudades, los medios se dieron cuenta que no podían pelearse con un solo lado de la opinión pública local. Era un mal negocio. Ergo, debían ser “imparciales”.

Poco a poco se fue gestando la idea y los medios colaboraron a través de Manuales de Estilo y la presencia de defensores del lector. Sin duda, que los medios serios intentaron defender parte importante de su independencia y algunos, hasta cierto punto, lo han logrado.

Lo importante es no convertir este discurso en el ADN de la prensa. “Un montón de gente vinculada a los periódicos los tratan como una verdadera religión, cuando en realidad se trata de un artefacto determinado por un conjunto de circunstancias económicas e históricas“, dice Joshua Benton, investigador de la Nieman.

De hecho, para Clay Shirky muchos medios son productos publicitarios, con contenido periodístico incluido. Y algunos tampoco tiene la calidad que parte de la opinión pública demanda de ellos (idealismo puro). Por ejemplo, un estudio de ProPública demostró que entre 20 a 40 grandes historias al año, sólo 6 ó 10 logran un impacto mayor, lo que evidentemente es una cifra importante, pero no alta.

4.- Lugar común

Criticar a los medios es parte del ejercicio democrático y de alguna manera (sobre la base de los puntos anteriores) hacerlo es más popular entre la comunidad que alabar su trabajo. Los medios han visto a sus audiencias independizarse, tomar en parte su rol y, aparentemente, no necesitar de ellos para comunicarse. Y eso, en parte, es verdad. El caos agudiza esa sensación.

Sin embargo, aún son los medios tradicionales los que distribuyen la mayor parte de la información que fluye por las redes sociales y en los blogs. Son sus sitios los que dominan el tráfico de los medios onliney, mal que mal, son quienes tienen más influencia frente a la opinión pública y el poder.

Los críticos de los medios suelen imaginar una audiencia más bien débil y con cerebros disponibles a ser manipulados por medios ya satanizados. Pero estamos lejos de la aguja hipodérmica (“Cada miembro del público de masas es personal y directamente atacado por el mensaje”). De hecho, no son pocos los estudiosque muestran que la gente no sólo es menos idiota de lo que los críticos pretenden sino que conoce tanto su signo político como a quiénes discrimina.

Los medios han sido clave para fortalecer la democracia y también para recuperarla. Algunos fiscalizan más que otros, algunos son más independientes que otros…pero ninguno obliga a nadie a verlos o consumirlos.

5.- Internet

Otra de las cosas que se nos vendió durante mucho tiempo (principalmente desde la universidades y la industria) es que los medios tradicionales son calidad e Internet la basura. Un mal truco. Después del nacimiento de la imprenta, fueron los textos eróticos los más codiciados y sólo unos siglos después, los libros y las investigaciones universitarias. Así es la historia.

Hoy, Internet, los medios digitales y las redes sociales permiten que la gente mire los medios con mayor furia. Ahora hay opciones y se puede llegar a la “consecuencia” de aparentar no consumirlos. Internet es libertaria, democrática, horizontal y transparente. Y un espejismo nos hace creer que ya no necesitamos los medios tradicionales.

Internet hoy está liberando a los países árabes (algo bastante lejos de la realidad) y desafía a los dictadores. Simpatizamos con Anonymous y Wikileaks. Internet es nuevo, los medios tradicionales pertenecen a otra época. Todo parece perfecto, pero las cosas son más complejas de lo que uno cree.

Luego de las revueltas en Londres, la gente común y corriente culpó a Facebook, Twitter y BlackBerry de ser los responsables de sumar y unir delincuentes.El determinismo tecnológico cobró fuerza en la sociedad y los responsables estaban en la web. Los diarios asumieron la oportunidad y se vendieron como nunca. Casi olvidando el escándalo Murdoch.

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