14 Julio 2011 Medios Sin comentarios Compartir

Los medios y cómo aprovechar el caos

Clay Shirky acaba de publicar uno de los post más lúcidos sobre la crisis de la industria de los diarios y el futuro de la noticias. Ajeno a la ilusión de los muros de pago y distante de la clásica mirada con la que han sido construidos los medios, el analista cree que estos últimos viven hoy un caos mayor, donde es imposible saber cómo será su futuro.

Para Shirky, sólo hay tres cosas claras en medio de la confusión: las noticias serán subsidiadas, públicas y libres.

Subsidiadas, porque el modelo actual hace imposible su financiamiento. Lo que pierde el papel no lo genera internet (ni por lejos) y la curva de caída de los diarios es evidente: este año en EE.UU. la publicidad se recuperó en todos los medios, menos en el papel y el número de diarios en ese país llegó al mismo nivel que en 1890. Para Shirky el subsidio vendrá de varios frentes: del Estado, de donaciones, o de vender servicios asociados.

Baratas, porque para el autor de Here Come Everybody buscar el lucro ya es sólo parte de la nostalgia y suplir el déficit, una tarea básicamente imposible. Lo que queda es bajar los costos de los procesos. Es cierto que el caos está creando ciertos mitos rimbombantes propios del choque de ideas, conceptos y caminos que hoy acompañan a la histérica discusión sobre los medios.

Una de ellas es que el buen periodismo que hacen los diarios morirá en la web, porque es muy caro de hacer. Al contrario, Internet no sólo está alimentando a más personas con información (y recogiendo de ella), sino que está obligando a los gobiernos a ser más transparentes, generando suficientes datos para convertirlos en productos informativos de alto nivel. Seguir discutiendo el periodismo sobre los mismos conceptos de siempre, es absurdo. Esto ya cambió.

Y, por supuesto y que bueno que así sea, Shirky también cree que las noticias serán libres. La ilusión de la noticias se sustentó sobre la base de “un puñado de diarios con ambiciones nacionales”. Ahora, en cambio, “las pocas personas que se preocupan de las noticias deben poder compartirlas”, dice quien se ha convertido en una de las luces de los nuevos tiempos.

Y tiene razón, finalmente los muros de pagos no han sido creados por las redacciones sino que son obras de las áreas comerciales, el ala más impopular de las compañías de medios. Su función es retroceder, dañar (o intentar dañar) un ecosistema que se expande sin control (y del que necesitan a toda costa sacar rédito). Es resistirse a abandonar una era. Una época en que las noticias estaban capturadas por los medios tradicionales.

Hay muchas formas de encontrar información que aún no conocemos. Los caos generan incertidumbre y probablemente aún estemos en los momentos posteriores al bing bang de los medios (¿la aparición de Google?). Observamos a los medios más preocupados de ordeñar cada nuevo soporte que aparece sobre la base de repetir patrones, en vez de apostar por la innovación. Seguir intentando construir cosas clonando los antiguos medios y prácticas, como mínimo, es un despropósito.

No sabemos en qué momento del caos estamos, pero sabemos que hay un ecosistema en desarrollo, que los medios tradicionales están defendiendo un negocio que no se recuperará, que las noticias les interesan a unos pocos, que hay nuevas formas de comunicar (se), que la noticia es hoy un átomo en movimiento, que las redes sociales fomentan la participación y que hay más transparencia… y que no a todos les gusta.

Sabemos que hay nuevo medios, que viajan con las plataformas, que el periodismo cambió para siempre e intuimos que el futuro será mejor. Pero quizás nada de esto tenga que ver con las certezas.

Parece obvio que los medios no asumirán el caos como una oportunidad. Pero deben tener claro que, como por ahí se afirma, las cosas viejas se rompen más rápido que lo que alcanzan a renovarse. Pero claro, para eso,la crisis debe ser aguda como la que viven los medios en EE.UU. y en menor medida en Europa. Es difícil pedirles que empaticen con esta realidad, si éste es el mejor año en ingresos para los diarios en su historia, como ocurre en Chile. Pero tarde o temprano, los medios locales deberán enfrentar el desorden y el caos. Lo más probable es que no estén preparados para la revolución.

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