22 Julio 2011 Medios Sin comentarios Compartir

¿Pueden los medios chilenos seguir la ruta de Murdoch?

Esta columna fue publicada en El Dínamo

Los riesgos de la prensa amarilla se distinguen por 3 puntos fundamentales: el primero, porque se defiende con losmismos códigos del periodismo tradicional (reporteo, fuentes, investigación, publicación). El segundo, porque es un periodismo atractivo incluso para los más cínicos. Y tercero, porque la prensa tradicional ha comenzado a acercarse (de una u otra manera) a ese riesgoso mundo.

Aunque es poco probable que tengamos un Murdoch versión local, no son pocas las alertas que hacen pensar que el periodismo amarillo puede camuflarse en el periodismo más serio.

El escándalo desatado luego que The Guardian destapara los pinchazos telefónicos que realizó el News of The World a 4 mil personas (incluidos niños, muertos y familiares víctimas de la famosa guerra contra el terrorismo) es mayúsculo y las probabilidades que el principal dueño -su hijo y colaboradores- estuvieran al tanto de lo que pasaba, parecen no ser pocas.

Pero hay preguntas igualmente relevantes: ¿Cómo llegaron los periodistas a cruzar una barrera que los dejó como delincuentes? ¿De qué manera conseguir una exclusiva puede llevar a olvidar todo lo que en teoría exige la profesión?

Hitchens tiene una opinión: ”Debe dársele crédito a Rupert Murdoch y sus subordinados. Se apoderaron del viejo “News of the Screws” o “Nudes of the World” y lo convirtieron en un periódico en el que la pregunta no era qué tan bajo podía caer la pobre naturaleza humana, sino más bien en si hay algo, por más depravado que sea, que no se pueda convencer a un reportero para que lo haga“.

Uno de los puntos centrales es que la formación de los periodistas no asegura integridad, aunque a este tema se le dediquen tiempo y energías. La manera en que se les selecciona, construye, diseña y se les inserta en el mundo laboral es una base; para algunos fuerte y para otros, sólo una escenografía. Y por supuesto, en un medio dispuesto y preparado para buscar sólo exclusivas, incluso con prácticas inadecuadas, no todos sabrán decir que “no”.

Históricamente se ha generado la idea de que existen dos periodismo (el serio y el amarillo), como una manera de protección y para evitar confusiones. Pero poco a poco esa idea se ha ido relativizando. En los años 60 y 70, National Equire se encargaba de los escandalillos estadounidense y tal como escribió en sus memorias su principal editor, Lain Calder, ellos hacían un periodismo igual o mejor que el de los grandes diarios e incluso, para ciertos temas, los superaban en investigación.

Lo que insinuaba Calder, es que el periodismo de farándula no necesariamente es un mal periodismo y que se pueden encontrar buenas y malas prácticas en todas las áreas de la profesión. Porque lo que de verdad los diferenciaba eran las prácticas para conseguir la información, no sólo los contenidos. Por lo mismo, hay casos como Janet Cook, quien ganó un Pulitzer inventando información sobre niños heroinómanos o Jayson Blair, quien plagió más de 30 notas en el NYT.

¿Cómo está el escenario en Chile? Las dos empresas periodísticas más importantes tienen diarios enfocados en la farándula (que venden muy bien) y hace algunos años los buques insignia -del llamado periodismo serio-  comenzaron a reemplazar en sus portadas el fútbol por los escándalos (no todos, por supuesto, lo que aún les permite defenderse de las críticas).

Los noticieros han ido mezclando la farándula y el sensacionalismo con las noticias duras y los programas rosas no han dejado de tener un rol relevante en la programación, obligando a correr la frontera paulatinamente. Las “estrellas” plantadas, crecieron y se multiplicaron y es posible llenar horas de programación con sus escándalos cada vez más producidos.

Estamos lejos del fenómeno de Inglaterra, país que tiene a sus diarios sensacionalistas vendiendo cuatro veces más que los medios serios. Acá, aún somos niños de pecho. Pero eso no quiere decir que no nos preocupemos.

La lucha de la industria por mejorar sus posiciones (rating, tráfico, audiencias, ingresos) está dejado algunos ejemplos de intromisión en la vida privada, cámaras ocultas indebidas, acusaciones al voleo, o documentos que se publican sin chequeos o con datos reservados. Y en el caso de la televisión, en ciertos programas, que el dinero corra para revelar escándalos o delitos se está haciendo algo muy normal y cuando las cosas se hacen normales y aceptadas, siempre (o casi) se rompe una nueva regla.

Tanto en Inglaterra, como en EE.UU. la proliferación de sitios gracias a Internet ha complejizado el tema. Medios exitosos como Drudge Report (acusado constantemente de amarillismo) tienen un éxito enorme y pocas normas de autocontrol. La política teñida de sensacionalismo no es ni será un fenómeno menor.

Lo pero de todo en este tipo de escándalos, es que despierta el interés por someter al periodismo a controles(ideas siempre inspiradas en políticos cobardes o puritanos). Se enarbola la bandera de la ética desproporcionadamente y se le pone el mismo sello a toda la profesión.

Los medios siempre estarán cerca del escándalo. Antes, ahora y en el futuro, cuando sean algo muy diferente a lo que conocemos. Se mueven con la idea de lo nuevo y lo sorprendente, el trabajo con las fuentes es siempre un acuerdo de “negocios” que no debe involucrar dinero y la mayor parte de los buenos reportajes han pasado por decisiones éticas relevantes. Se está más cerca del abismo, que lejos de él. El principal resguardo es la integridad y el valor de la marca. Algo complejo en épocas turbulentas para el negocio.

No creo que tengamos un NOTW, pero hay un tema que no hay que olvidar sobre los medios, que es mucho más relevante a la hora de entender los escándalos y que el analista de medios Jay Rosen grafica con brillantez: “News Corp. no es una empresa de prensa en todo, sino un imperio global de medios de comunicación que emplea la prensa como un grupo de presión”.

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