La Polar: Las deudas del periodismo económico

Este columna fue publicada en El Dínamo
Para la crisis financiera de 2008, uno de los actores que más críticas recibió en EE.UU. y muchos países europeos fue el periodismo económico. Los dardos apuntaban especialmente a que los medios se convirtieron en voceros del exitismo, crearon estrellas del modelo sin ningún tipo de cuestionamiento y, por supuesto, fueron incapaces de anticipar una crisis que no estaba pasando inadvertida.
El único medio que habló a tiempo fue el The Economist y sólo la revista inglesa no endiosó a Alan Greenspan. Hoy, como todos saben, el presidente de la FED fue uno de los principales responsables de la debacle financiera mundial. Luego de conocerse el caso La Polar, las virtudes y también los defectos del periodismo económico local deberían volver a discutirse. No solo por el poco esfuerzo (y relevancia) que se le da a la investigación y a la capacidad de anticipar eventos de este tipo (algo que puede llegar a ser muy complejo), sino por la posición que ha tomado esta área del periodismo en los últimos dos décadas. Es decir, generar parte importante de los contenidos desde la complacencia y de la mano de las empresas de comunicación estratégica y poco desde el punto de vista crítico.
En Chile abundan los ranking de los mejores ejecutivos, las empresas simbólicas, las destacadas en RSE y aquellas que son un paraíso para trabajar. De hecho, el ex presidente de La Polar, Pablo Alcalde, y su compañía eran ejemplo en los medios: él como ejecutivo “estrella” y La Polar como modelo a replicar.
Sería injusto achacar este problema/debilidad sólo a los periodistas y editores. Desde la vuelta a la democracia que los medios han “debido” negociar parte de sus contenidos. Primero fueron los “poderes fácticos” (post Edad Media de la prensa y tv chilena, incluso con la Iglesia como influyente) y luego vinieron los avisadores. En ambos casos, los propietarios prefirieron la calma, el periodismo manso que no genere conflictos ni despierte dudas sobre el compromiso con el modelo.
Por eso, la colusión de las farmacias, los diversos casos de información privilegiada y el mismo caso La Polar, solo se convirtieron en noticias cuando las autoridades los reventaron. El periodismo económico está en la primera trinchera de los medios. Cada una de sus páginas puede ser leída desde la incredulidad hasta con la lupa de la conspiración. Ahí está más clara que nunca la línea editorial del diario y, por supuesto, es el reflejo de las transformaciones que vive el país.
Parece complejo pedirle al periodismo económico que haga lo que las Superintendencias no hacen, que genere normas que el Estado no crea y que impongan conductas que los empresarios (algunos) no respetan. Sin duda, pero uno espera de sus medios que no vendan espejismos y que llegado el momento, razonen de manera diferente y, por supuesto, con anticipación.
El escepticismo no ha pasado de moda en el periodismo. De hecho, hoy vale más que nunca. “Tenemos el coraje de estar al lado de los poderosos”, decía irónicamente un gran periodista chileno, para identificar los problemas del periodismo económico en Chile. Pero lo decía hace mucho tiempo…los medios (aunque aún no lo entiendan) deberán cambiar o de lo contrario, le costará mucho diferenciarse del resto.
No sólo eso, con su rol de intermediario debilitado por las redes sociales, el peso de la duda es aún más fuerte y ya no pasará inadvertido. Internet tiene memoria, mucha y es fácil indagar lo que no se hizo o lo que se hizo mal o, peor aún, lo que es una vergüenza. Y todos sabemos que los medios que acumulan “vergüenzas” van a quedar fuera del negocio. Pero bueno, para que todo esto suceda, primero hay que entender todas las implicancias del caso La Polar.
