27 Septiembre 2010 Medios 2 Comentarios Compartir

The Guardian y el futuro de los utópicos

“Primero el periodismo, después el negocio” es la frase preferida de Alan Rusbridger, director de The Guardian. Probablemente es una sentencia más cargada al ideal que a la razón y que sin duda tiene mucho más de lema que de realidad. Pero sin este tipo de ilusión artificial (golpe de efecto) el periodismo habría capotado hace rato bajo su propio cinismo y arbitrariedad. David Simon dice que los grandes diarios en EE.UU. empezaron a morir cuando sus dueños decidieron que debían tranzar parte de su propiedad en la Bolsa de Nueva York y dejaron sus contenidos al arbitrio de los yuppies de Wall Street. Claramente no fue el único hecho, pero le entrega a Simon la cuerda narrativa que necesita su mirada sobre la caída de los contenidos de calidad. Para el The Guardian, hablar de “Primero el periodismo, después el  negocio” es decir que más allá de la ruina del presente de la industria, lo importante es no desenfocarse, menos ahora, con Internet como brújula de la experimentación con los contenidos.


The Guardian, por lo mismo, es la versión opuesta a la “filosofía” de Rupert Murdoch. Y cada uno representa una mirada diferente a cómo los medios han enfrentado los cambios. Siguiendo la dualidad sugerida por Clay Shirky, el dueño de News Corp estaría del lado de los “escépticos” en la industria, mientras el equipo de Rusbridger estaría compuesto por los “utópicos”. Estos, por supuesto, no sólo no creen en los muros de pagos, sino que además aprovechan las virtudes de Internet para hacer mejor periodismo y generar más espacios sociales dentro de su sitio. El ecosistema vive del flujo social y ese es el lugar del periodismo.“No se puede controlar la distribución o crear escasez sin acabar aislado del nuevo e interconectado mundo”, dice el mandamás del Guardian. Para los utopistas los medios tienen hoy la posibilidad (¿la misión?) de repensar la profesión, que no es lo mismo que volver a escribirla desde cero, es mejorarla. No todos lo entienden así. Pero mientras parte importante de la industria se ha alineado cerca de los “escépticos”, The Guardian apostó por sus API para liderar el mercado de la distribución de la información, lo que hasta ahora lo ha puesto a la delantera en el trato con sus lectores.

Aún el trabajo de The Guardian no es un paradigma financiero y es el gran argumento de los “escépticos” y partidarios del cobro para no seguir la gratuidad. El sitio recibe US$48 millones, apenas el 10% de los costos totales del diario, que cerró, como mucho, su balance 2009 en rojo. Pero es su filosofía la que lo ha puesto más cerca del futuro y como un ejemplo para los utópicos. “Creemos que el futuro es la experimentación sobre lo interminable”, dice Rusbridger.

No son pocas las cosas que ha hecho The Guardian en vías a colaborar con su audiencia. El World Government Data fue un experimento poderoso. El sitio creó un buscador y un directorio para aprovechar la información pública proveniente de los gobierno de Estados Unidos, Inglaterra y Nueva Zelanda y Gran Bretaña. La lista de desarrollos es larga: crearon un widget para la revisión colectiva de los gastos del parlamento, generó una investigación tributaria sumando sus periodistas con la audiencia, armó una guía de viaje abierta, crearon Guardian Red para construir un mapa medioambiental colectivo y, por supuesto, abrieron la web para cientos de expertos que quisieran contribuir con sus propios puntos de vista. De los más interesante que han creado, fue la idea de poner los datos conseguidos en el reporteo a disposición del público, lo que no sólo hace más transparente el trabajo del sitio, además permite que la gente utilice la información, genere cruces e incluso ayude a visualizarla, en beneficio de la audiencia.Todas herramientas que poco hubieran funcionado con un muro alrededor. El sitio ya suma un millón de los 37 millones de visitas únicas que tiene The Guardian. “Esta filosofía de estar abierto, publicar, enlazar, hacer que la información esté disponible, es una idea simple y poderosa” dice Simon Rogers, editor de esta sección.

Los “utópicos” no han ganado la batalla y los “escépticos” tampoco. El muro de Murdoch en The Times ha sido un fracaso. Pero mientras los grandes medios se sigan desangrando y el modelo de contenidos gratuitos no encuentre la forma de generar mayor cantidad de recursos, el futuro parace complejo. La fichas están puestas en las aplicaciones para tablets y celulares, pero el The Guardian (hasta ahora) apenas paga el desarrollo con lo que ha ganado con sus aplicaciones. Rusbridger ha dicho que en el IPad será una fuente importante de ingresos para los medios y así podrán defender un sistema abierto, colaborativo y democrático.  Es de esperar que Rusbridger tenga la razón.

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