La web ha muerto
Esta columna fue publicada en Revista Qué Pasa
“La web ha muerto”, es la nueva provocación de Chris Anderson, director de la revista Wired y autor de dos best sellers de los nuevos tiempos: Long Tail y Free. A pesar de que aún no se conocen sus argumentos, la filtración de que esta tesis es la próxima portada de su revista generó una serie de artículos para adivinar cuál será en detalle la puesta en escena de Anderson esta vez.
Aunque algunos de los argumentos apuntan a la disputa que tiene el autor por la difícil situación económica de la versión papel de Wired, lo más probable es que esté dirigiendo su nueva tesis al acelerado desplazamiento que está mostrando el consumo de internet desde la web tradicional hasta las plataformas móviles, específicamente a la navegación vía aplicaciones.
Esta idea no es descabellada y tampoco nueva. No sería el primero en decir que mientras el futuro de los sitios tradicionales ya tiene un enemigo, el de las aplicaciones parece no tener vuelta atrás.
Se calcula que en 2014 los usuarios de internet móvil superarán a los de PC, y en 2015 las aplicaciones descargadas llegarán a 25 mil millones. Hoy Apple concentra la mayor parte de estas descargas. De hecho, el Android de Google, que es todo un éxito, no llega ni a la mitad de las aplicaciones generadas por la compañía de Steve Jobs. Entonces la pregunta es ¿qué pasará cuando este sistema de conexión se masifique y la conectividad esté básicamente concentrada en las plataformas móviles? En ese caso, la nueva máxima de Anderson no tendrá detractores: la web habrá muerto.
Chris Anderson ha sido de los más exitosos teorizadores de internet. Su primer libro -The Long Tail- modelaba parte de los principios económicos de la web. Es decir, que las nuevas tecnologías permitían reducir costos y ya no era necesario focalizar el negocio sólo en productos exitosos, sino que se podía lograr ingresos incluso con pequeños nichos. Con Free, Anderson postuló a la generación de subsidios cruzados producto de los servicios gratuitos creados para la web. Todo indica que la “muerte de la web” será su próximo golpe.
Pero hay otro elemento clave en el escenario de una red agónica: la neutralidad. El gran logro de una internet democrática y abierta es la igualdad de todos ante los datos. Es decir, no hay acceso de primera o segunda clase. Nadie tiene prioridad y la información se reparte equitativamente. Todo esto, por lo que han luchado millones de internautas, organizaciones y políticos -Chile es el primer país en América Latina que declaró a la neutralidad como un derecho-, se pierde en la navegación por aplicaciones. Ya no será una red, como dice Jeff Jarvis, construida por corrientes y flujos, sino un mundo cerrado y controlado por los proveedores. Por supuesto, la neutralidad desaparece. Y con ella la web tal cuál la conocemos.
Anderson sin duda comulga con este mundo. Sus dos libros anteriores están basados en una internet revolucionaria, precisamente por su democracia y apertura. Habrá que esperar que despliegue sus argumentos de por qué “la web ha muerto”, pero poco se ha equivocado hasta ahora.


Simplemente quería comentar que hace muchos años me parece que el contenido de los diarios, revistas etc, son una justificación para los espacios publicitarios. Las portadas, columnas o las entrevistas dan lo mismo. Algo así como que la prensa adquirió el modelo publicitario. Y en la web va a continuar el mismo modelo. De hecho desde el 2002 al día de hoy ha cambiado mucho. En un principio había muy poca publicidad. Ahora hay sitios que están saturados. Pienso que los medios tradicionales están desesperados. Es algo que no tiene vuelta atrás y muchos no quisieron digitalizarse en su momento. O no se dieron el tiempo o por un asunto de prejuicio. ¿Quién sabe?. Nadie realmente sabe hacia dónde va web. Es un medio que siempre se está modificando. Es flexible. Quizás por eso es un medio tan interesante. En todo caso, hay que esperar el libro.
saludos
Anderson le acierta y se equivoca. A la vez. Por un lado, las cifras demuestran que las aplicaciones siguen subiendo y que están acortando y simplificando la forma en la que los consumidores se conectan y navegan. Pero, por el otro, el espíritu de la web (conversaciones, colaboración, conexiones), sigue tan vigente como siempre. En ese sentido, todavía no muere. Habrá que ver si las aplicaciones que compiten por adueñarse de esta web, una vez que lo logren, si podrán mantenerse tras la nueva etapa en el desarrollo de Internet.