Fernando Paulsen y las deudas del Periodismo

El siguiente texto es la transcripción de la presentación que hizo Fernando Paulsen en el lanzamiento del libro El Tila, publicado por la Escuela de Periodismo de la UDP
Mi personaje favorito de TV es Dr. House. Dr. House tiene un axioma: él dice que los pacientes mienten, y por lo tanto no habla con ellos, o habla lo mínimo necesario, porque lo engañan, exageran sus enfermedades o las minimizan. No dicen lo que hicieron, no quieren que se sepa la causa del porqué están como están. Y por lo tanto Dr House se concentró en estudiar el lenguaje del cuerpo, examina y diagnostica estas enfermedades por vías paralelas, prescindiendo muchas veces de la palabra o de la opinión del principal protagonista que es el paciente. Los periodistas vivimos una situación relativamente similar: las fuentes mienten exageran, distorsionan. Muchas de veces es la primera vez que se enfrentan a la posibilidad de que los vean en un medio de comunicación por lo tanto, aunque no sepan nada, dicen que saben, sólo para estar. Es un defecto que los sicólogos sociales advertirían como un problema serio de autoestima de país
A diferencia de Dr. House, los periodistas no estamos bien dateados, ni estamos bien informados, ni estamos bien educados para leer lo que pasa por lenguajes que no sean directamente consultar con las fuentes. Y ese es un problema grave. Muchas veces no estamos bien dotados para tener recursos intelectuales, específicos, técnicos, científicos, para poder entender lo que pasa, sino cuando estalla el evento. Salvo que el periodista sea el asaltante, cuando llega al asalto debe hacer un camino para atrás. Investiga qué pasó, quiénes son los asaltantes, los testigos. Y sigue mirando para atrás, tratando de identificar a uno de los asaltantes, de saber con quién está casado, si tiene hijos, dónde vive, dónde lo vieron la última vez. Para cuando reúne toda la información, lo que se ha hecho es una investigación en retrospectiva y, por supuesto, nada de lo que sabe pudo evitar lo que pasó.
Así somos los periodistas. Espero que esto esté cambiando, pero todavía soy parte de una generación que fue formada en dar cuenta de noticias, mucho más que dar cuenta de procesos noticiosos que van a derivar en noticias. Sabemos de un golpe de Estado en Tanzania, o en algún otro país, pero nadie nos ha preparado para ir monitoreando el proceso de descomposición completo. Mientras más lejos, más noticioso es el evento, más impactante, y menos sabemos del proceso que constituyó las circunstancias de ese acontecimiento.
Una de las cosas que me encantaron del libro es que nos da a todos los periodistas una bofetada al pasado de El Tila. Voy a ser un paralelo con lo que está pasando en estos momentos con los mineros atrapados. Acabamos de descubrir de que hay dos o tres fiscalizadores en toda una región en materia de minería, acabamos de descubrir que una mina se abrió en 2008 cuando debiera estar cerrada, acabamos de descubrir que la gente que perdió sus casas por el terremoto en febrero, emigró a distintas partes del país a buscar trabajo donde fuera, y por eso entre los 33 mineros hay dos que perdieron sus casas en la VIII Región. Averiguamos recién que la razón por lo cual muchos de esos mineros están metidos en el fondo y no están en La Escondida y no están en Pelambres, es porque La Escondida y Pelambres exigen término de cuarto medio para contratar a una persona, e intachable conducta anterior. Sin embargo, a las minas medianas y a los pirquenes no se les exige nada. Acabamos de descubrir que la ENAMI, sin hacer ningún tipo de pregunta, paga cash a quien llegue con el material de cobre, en camioneta, en camión, o en esos camiones gigantes que traen las minas grandes. No hacen una excepción con las minas chicas. Meten todas las cosas en una camioneta y pasan los poderes compradores de la ENAMI. El precio del cobre está altísimo; compran y pagan.
Con ese estímulo todo lo que estamos viendo se incentiva el doble o el triple, y lo acabamos de saber recién, pero está pasando hace mucho tiempo. En el caso del Tila fue igual. El Tila mató, violó, muchas veces y pasó por innumerables centros, como cuenta el libro. Su vida quedó registrada, pero nadie estaba mirando. Hizo un recorrido como de pulgarcito, con miguitas que eran perfectamente ubicables, proyectables hacia lo que probablemente podría pasar. Alguien podría llamarlo benevolentemente falla del sistema, pero es que son muchas las fallas del sistema: los niños de Spiniak eran fallas del sistema, Hans Pozo era falla del sistema… Fíjense ustedes que cuando Hans Pozo empieza a aparecer por distintas partes de la ciudad, en esa cosa dramática de su descuartizamiento, él había estado circulando por innumerables centros, muy parecido a lo que le pasó al Tila. Claro, mucha menos inquietud intelectual que el Tila. Lo notable es que cuando él desaparece, durante 25 días no se sabe quién es la persona que está apareciendo descuartizada por distintas partes de la ciudad. Nadie pregunta ¿alguien ha visto a Hans Pozo que no ha venido últimamente? Se tiene que descubrir sus manos con la huella par darse cuenta que el hombre que andaba todos los días por distintas partes, ya no estaba.
El Tila es un fantasma que se aparece, que está ahí y nos grita ´estoy mal, y les voy a hacer daño, y estoy avisándoles hace 20 años, quién me pesca´. Hoy esa cara la vemos probablemente en todo lo que nos vamos a horrorizar con la mina San José. Y vamos a hacerlo con escándalo. Espero que no sea una cosa dramática, pero tampoco, y creo que en eso el ministro fue bastante valiente, abrigo demasiadas probabilidades. Pero nos va a impactar la situación, cuando es algo que uno lo debiera aprender en el colegio.
El libro tiene la tremenda oportunidad de recordar una vez más que las personas tienen historia, que esa historia se registra, prende luces, llamaradas de alerta. Es cierto que muchas de las personas, optaron por una vía distinta estando en los mismos centros, el problema está que uno no trata de detectar los escenarios improbables de alto impacto, las personas que tienen la capacidad de eventualmente causar daño, no necesariamente a sí mismos, sino que a los demás.
El Tila, lo digo en el prólogo, es un mapa de nuestra indiferencia, de nuestra indolencia si no somos víctimas. Solamente nos activamos si somos víctimas. Si no somos víctimas pedimos pena de muerte para todos, pero si un hijo, un pariente, el marido, la mujer, es el victimario, entonces uno pide máximas garantías para que ojalá no llegue nunca jamás la pena de muerte. Funcionamos sobre la base de lo que nos toca, y las sociedades modernas no tienen ninguna posibilidad de progresar, si no se genera una situación de cooperación a través de las instituciones para advertir aquello que le pueda causar daño. Para advertir aquéllos que están pidiendo ayuda, antes de que estallen en la forma de una forma de noticia dramática, y por eso el libro es en ese sentido un gran bofetón para todos, y particularmente para quienes tienen como misión el darse cuenta de qué pasa y tratar de hacer lo indecible para que ello no estalle de la peor forma posible.

Curioso, a nosotros nos pasa lo mismo que a House con los periodistas que se ponen a opinar en sus programas de radio o TV. Nos engañan, exageran, minimizan, esconden los hechos. Por eso tendemos a confiar en aquellos que son simple lectores de noticias, que no se suben a un púlpito y empiezan a sermonear a sus auditores o telespectadores. A quien le venga este sayo, que se lo ponga.
Voy a ser un parámetro ????
Pablo
Error de transcripciòn
lo corrijo ahora
A
;) gracias por transcribirla
Cuantos hijos tiene Fernando Paulsen en la universidad o están por entrar en los próximos años, lo pregunto por que lo veo muy preocupado por la gratuidad. Será tan así.